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CONOCIENDO EL SABINAR DE ARCOS DE JALÓN

El Sabinar del Jalón está integrado en un LIC (Lugar de Interés Comunitario), situado en la parte suroriental de la provincia de Soria, en la Sierra del Solorio, en el término municipal de Arcos de Jalón, comprendiendo prácticamente la totalidad de las pedanías de Iruecha, Judes, Chaorna, Sagides y Layna, ocupando una extensión de 21.823,65 Ha.

El nombre científico de la sabina es   Juniperus thurifera L. Juniperus, del celta “jeneprus”, áspero, rudo y “thurifera” del latín “thuris” incienso y “fer” llevar, es decir “productora de incienso”. También se le llama sabina albar por tener su corteza pardusca blanquecina.

Sabinar

Sabinar

Tiene ejemplares masculinos y femeninos, estos fáciles de identificar porque tienen las semillas. Las hojas son de pequeño tamaño, con forma de escamas, imbricadas unas sobre otras, perennes, las jóvenes son aciculares (forma de aguja), para que no las coman los animales cuando son pequeñas.

Son árboles de escaso porte, altura normal 4-12 m pudiendo alcanzar con la edad los 20 m de altura y 8 m de ruedo troncal, con copa densa y color verde oscuro.

Las semillas se llaman gálbulos (en Iruecha gayubas), de color azulados o negruzcos, de diámetro entre 8-10 mm.

Florece a principios de la primavera, los ejemplares masculinos sueltan de sus flores que casi no se diferencian del resto, unas nubes de polen que transportadas por el viento, van a parar a las flores de los ejemplares femeninos, donde se produce la fecundación, formando las semillas, estas maduran a finales de otoño cada dos años, tienen aspecto de baya redondeada y color azulado-negruzco y naturaleza carnosa.

Aguantan variaciones extremas de temperatura (-25 ºC. a 40 ºC.) Son poco exigentes con el suelo. Crece muy lentamente de 1,5 a 3 mm. de grosor anual.

¿Cómo se diferencia de las otras especies de su mismo género?

La sabina negral (Juniperus phoenicea), con hojas en forma de escama, fuertemente imbricadas entre sí formando cordones,  gálbulos color marrón-rojizo, el segundo año, de menor porte y forma cónica.

La sabina rastrera (J. sabina), con hojas en forma de escamas y gálbulos azulados, caracterizada por ser un arbusto de porte rastrero.

El enebro común (J. communis), de hojas aciculares y gálbulos azul-negruzcos.

El enebro de la miera (J. oxycedrus), con hojas igualmente aciculares, pero gálbulos pardo-rojizas.

 

¿En qué lugares se encuentran?

Son árboles muy antiguos, ya que datan de finales del terciario. En el  pasado ocuparon extensas áreas en las dos mesetas, debido a que el clima fue más frío y continental que el actual.

Son árboles de distribución fundamentalmente ibérica, si bien se mantienen algunas poblaciones en los Alpes y en las montañas marroquíes.

Siempre viven en condiciones ambientales especialmente duras, como la Sierra del Solorio. El clima que soportan es extremadamente continental, con inviernos muy fríos y veranos muy secos y calurosos. Las temperaturas mínimas invernales se miden por debajo de los – 20 ºC, siendo el periodo de inactividad vegetal prolongado, debido a la incapacidad que tienen para absorber agua del subsuelo por encontrarse ésta congelada. Las heladas tardías son muy frecuentes hasta bien entrada la primavera.

Por otra parte, la topografía plana de estas parameras hace que se encuentren muy expuestas a los vientos, que desecan y enfrían aún más el suelo a la vez que impiden la acumulación de nieve que las proteja de las heladas.

Al final de primavera, cuando la subida de temperatura permite que el suelo se descongele y que la actividad metabólica se reanude, comienza su crecimiento vegetativo. Pero las elevadas temperaturas del verano, producen un aumento en la evapotranspiración, que coincide con el cese de las precipitaciones. Así pronto llega la sequía estival, impidiendo el crecimiento.

Por otra parte la dureza de las calizas del páramo permite un desarrollo del suelo muy limitado, siendo la capa de tierra de pocos centímetros. Así las raíces, de un metro o más, deben penetrar directamente en las grietas de la roca. Este tipo de suelo permite una escasa retención de agua, agravando aún más el problema de la sequía, siendo a la vez claramente deficitario en nutrientes, dada la falta de tierra vegetal en los horizontes superficiales, debiendo obtener el sustento casi directamente de la roca por disolución  de ésta. Por ello la capacidad de reproducción es muy baja, ya que debe emplear casi todas las energías para sobrevivir y un elevado porcentaje de las semillas son inviables.

Sabinar

Sabinar

¿Cuáles son sus competidores inmediatos?                                                                                                 

Son los robles y las encinas, cuando las condiciones del medio son duras  no se posibilita que robles y encinas puedan prosperar junto a ellas.

No ocurre lo mismo en las cuestas marginales del páramo, donde los sustratos son ya más blandos, arcillosos o margosos, con el consiguiente aumento de la disponibilidad de agua y nutrientes, a la vez las condiciones climáticas se dulcifican, principalmente por la menor altitud y la topografía más accidentada, la cual retiene en parte los vientos y permite exposiciones, más soleadas. Allí los robles y encinas sí pueden sobrevivir y hay una dura pugna entre éstos y las sabinas.

Las sabinas, tienen unos requerimientos de luz cuando son jóvenes  muy elevados en comparación con los robles y encinas, y por otra parte los bosques maduros de robles y encinas, son umbríos e impiden que se reproduzcan las semillas. Estas germinan mal en el humus producido por la hojarasca de los robles y encinas, debido, a que los hongos que en este humus se desarrollan, producen sustancias perjudiciales para los gálbulos y no para sus bellotas.

¿Para qué me utilizaron?

En primer lugar como leña, si bien ha sido preferida la de encina por producir ésta mejor brasa y tardar más en consumirse. Por otra parte, la leña de sabina puede producir dolores de cabeza en los ambientes donde se quema, dada su riqueza en resinas y compuestos volátiles, lo cual ha sido un factor más que ha limitado su uso doméstico. El olor de la madera cuando se quema, servía para ahuyentar los insectos y serpientes.

La madera es compacta dura, resistente a las termitas y es considerada imputrescible se utilizaba en las minas.

Aunque se ha considerado abortiva, carece de acción específica sobre el útero. Su actividad irritante puede llegar a congestionar todo el bajo vientre y en consecuencia acarrear el aborto, pero sucede a dosis tan elevadas que la parturienta suele pagarlo con la vida.

En los sabinares la riqueza de plantas melíferas, espliegos, ajedreas, salvias, tomillos, etc., han permitido el desarrollo de la apicultura. Que queda reflejado en la dispersión de hornales distribuidos por todo el territorio, en algunos casos construidos aprovechando los abrigos de las rocas calizas.

El propio ramaje de la sabina (bardoma), ha servido al ganado, como ramoneo, durante los duros inviernos en que había de permanecer estabulado. Igualmente su madera, por imputrescible, y su follaje, se han usado en la construcción de habitáculos para el ganado (corrales de barda), entre otros usos arquitectónicos populares.

Las ramas de sabina constituyen un complemento en la dieta de cabras y ovejas. Como dicen los pastores “las hay dulces y amargas y dentro de aquéllas sólo las ramas superiores de los individuos adultos son cortadas por el pastor para dárselas al ganado, pues las bajas son ácidas”.

Se necesita el ganado y los zorzales como vector de propagación de las semillas de sabina, que requiere el ataque previo de los ácidos gástricos para que del gálbulo, desaparezca la cubierta carnosa que inhibe su germinación.

 ¿Cómo es mi presente?

La sabina albar ha retrocedido a favor de los árboles más competitivos y con mayor eficacia reproductiva, como robles y encinas, y han quedado acantonadas en lugares donde estos no pueden competir con ellas como son las elevadas parameras ibéricas.

En las parameras calcáreas  de la Sierra de Solorio, las masas de sabinas son una de las más extensas y mejor conservadas de los sabinares españoles. El descenso de la población a partir de 1970 desencadenó un descenso del ganado y posteriormente la concentración parcelaria propició un abandono de las tierras cultivadas quedando únicamente los fondos de valle más productivos.

Los montes con sabina estaban dedicados al pastoreo de ganado lanar principalmente y cuando la presión de esta ganadería descendió, fue invadido por sabinas. Esta colonización se aprovechó de los espacios abiertos dejados por el ganado y continúa hasta nuestros días.

Los bancales abandonados en las tierras de labor, muestran, la densa colonización que se produce en los años recientes siempre a favor de la sabina.

Sabinar

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¿Cuál será mi futuro?

La fragilidad de las mismas dado su carácter relíctico en el clima actual, y su tendencia a la regresión frente a robles y encinas, así como su interés biológico, desde numerosos puntos de vista, aconsejan su conservación, teniendo en cuenta, además, que no son incompatibles con el uso tradicional que se ha dado. No se han explotado tradicionalmente como recursos forestales, salvo para el consumo directo de las poblaciones como la construcción y obtener calor. Marginándose otros aprovechamientos que deben despuntar en un futuro: el turismo, el micológico y el ecológico.

El sector turístico, tiene hoy gran importancia debido a su potencial endógeno. Para observar algunos ejemplares de sabinas, se puede seguir el GR 86 – Sendero Ibérico Soriano (Sendero de Gran Recorrido) en su zona sureste o la ruta de Algondrón.

GR 86- Sendero Ibérico Soriano, itinerario pedestre que emplea en su trazado caminos, veredas, cañadas y pistas que van enlazando los pueblos de Santa María de Huerta, Montuenga de Soria, Iruecha, Judes y Layna, y puntos de destacado valor cultural, ambiental y paisajístico  (panel informativo al lado del Teleclub de Iruecha).